domingo, 22 de enero de 2012

DORIS GIBSON, Homenaje a la catedral del Periodismo Peruano

Por: Hirau Munenaka

Hablar de Doris Gibson es hablar de una institución del periodismo en el Perú, de una mujer que ha legado al periodismo toda una vida y toda una visión, legado que plasmó en Caretas y que seguirá impregnando a las futuras generaciones de periodistas peruanos y de todo el mundo, por eso Doris Gibson no murió ni morirá jamás, los hombres de prensa que siguen su estilo la han eternizado.


Su primer contacto con un medio de prensa lo tuvo en 1938, cuando se incorporó como publicista a la revista Turismo, un magazine ilustrado con fotos, de gran formato, que auspiciaba el nuevo Touring Club del Perú y que se encargaba de promover el incipiente turismo interno en el país, dando cuenta también de la vida social y cultural y, de paso, de las actividades políticas nacionales. Era la época del gobierno del General Oscar R. Benavides.

En Turismo, que dirigían Jorge Holguín de Lavalle, Miguel Benavides Corbacho, y Miguel Roca Muelle, Doris conoció a muchos periodistas y hombres de negocios importantes y aprendió los secretos de cómo financiar con anuncios una publicación en el Perú. En 1940, colaboró comercialmente con el Diario La Prensa, importante matutino que acababa de comprar el empresario Pedro Beltrán Espantoso. Hace poco Doris le contaba a un pariente: -“Beltrán me respetaba mucho, literalmente le llene de avisos su periódico, que tenía muy pocos, pues la mayoría se publicaba en el Comercio. Era importante apoyar a otro diario”.
Doris Gibson y Francisco Igartua eran pareja cuando en 1950 consiguieron que un tío de ella prestara 10 mil soles para sacar el primer número de "Caretas". La experiencia que tuvieron con la revista "Turismo" le servía para manejar este proyecto.
"Podía hablar de tú con medio mundo -señala Zileri (su antiguo esposo) orgulloso- tenía una personalidad y un optimismo a prueba de balas". Era una revista apolítica, pero que a los dos o tres meses ya tocaba tema de actualidad en una época de gran represión como fue la dictadura de Odría. "Doris nunca se lamentaba -continúa el hijo-. Su actitud era más bien ponerse furiosa y actuar. Esa era su fuerza, además de una suerte de instinto periodístico".
En los primeros años heroicos de Caretas, Doris tenía que alternar las tareas periodísticas, de planificar y coordinar las ediciones, con otras menos gloriosas pero igualmente indispensables, como conseguir, uno a uno, los avisos publicitarios y el dinero para pagar al personal, la imprenta y la distribución. Doris no tenía ningún problema en recorrer diariamente a pie el centro de Lima, visitando todo tipo de negocios, grandes y pequeños, buscando avisos o reportajes para la revista.
El mismo Zileri no disimula su disgusto por el alejamiento de Igartua cuando iba a empezar el primer gobierno de Belaunde, en 1963. Se fue para fundar una revista que competiría con "Caretas". "Me parece que Paco la traicionó". Este cambio de bando coincidió con el rompimiento de la relación.
Se ha dicho mucho de los pleitos entre madre e hijo en las oficinas de "Caretas". Los gritos e insultos son parte de las leyendas del mundo periodístico, pero Enrique prefiere con discreción no hablar del tema, dice que ya borró esos momentos y se escuda en que los editores son unos lunáticos insoportables cuando llega el cierre. "Además hay que admitir que Doris no era una mujer fácil. Tuvo un temperamento volcánico. Se peleaba con todo el mundo, no solo conmigo, y creo que el problema era que yo trataba de mediar".
Cuando "Caretas" se enfrentó al gobierno militar de Velasco Alvarado y luego al de Morales Bermúdez ella siempre estuvo ahí, dando la cara.
Drusila (su nieta) recuerda que era niña cuando su abuela le daba unos volantes que decían "mala hierba nunca muere" para poner en los parabrisas de los carros. Habían clausurado la revista y ella estaba en pie de lucha. Igual que cuando sacó "Espejo", una revista de modas, femenina para mantener al personal de "Caretas" hasta que esta pudieran volver a salir. Nunca se acobardó. En tiempos de dictadura se la vio en marchas protestando por la libertad de prensa mientras su hijo hacía huelga de hambre o estaba deportado.
Para Doris, Caretas fue una prolongación de su persona, sus oficinas una prolongación de su hogar y el personal de la revista una prolongación de su familia. Y esta es una apreciación literal, pues durante muchos años Doris vivió en el 8vo piso del Edificio La Nacional y Caretas funcionaba en el 3er. Piso. No habían fronteras definidas. La mística de trabajo, para Doris, exigía una integración y entrega total. Como en toda redacción que se respete, no habían días ni horarios fijos de trabajo, el personal siempre estaba de guardia, por vocación.
Tal ha sido la influencia de esta mujer en el periodismo que hoy su revista “Caretas” la recuerda y difunde su vida mediante un concurso que convoca cada año a todas las mujeres estudiantes de periodismo a participar escribiendo un artículo, sin duda Caretas tiene el deber de extender el legado precioso de su fundadora.

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